
Si va a Sevilla, querrá asegurarse de ver algo más que las atracciones principales anunciadas en todas las grandes webs de viajes. Aquí tiene siete alternativas menos conocidas que merece la pena buscar.
Más allá del transitado barrio de Santa Cruz, Triana ofrece una experiencia local auténtica. Este histórico barrio, en la orilla izquierda del río Guadalquivir, es conocido por su cultura flamenca, su producción de azulejos y varios bares y tabernas de renombre. Explore el Mercado de Triana, la Fábrica de Cerámica Santa Ana, la Iglesia de Santa Ana y el Callejón de la Inquisición para disfrutar del sol de la tarde.
Siete conventos repartidos por Sevilla venden dulces tradicionales elaborados con recetas centenarias. El Convento de San Leandro ofrece yemas (confites de yema de huevo y azúcar), mientras que Santa Paula produce jaleas y mermeladas de muchos sabores, incluidas gominolas florales elaboradas con rosa, jazmín y azahar.
Esta plaza semicircular, con techos decorados y una fuente, ofrece una alternativa más tranquila a la Plaza de España, accesible por un pasaje cercano a la Catedral. Merece especialmente la pena visitarla en días soleados o los domingos.
Más allá del flamenco tradicional, Sevilla acoge diversos espectáculos musicales en los barrios de la Macarena y la Alfalfa. La publicación Yuzin recoge cada mes los eventos culturales de Sevilla y Granada.
Este palacio y sus jardines del siglo XVI muestran la arquitectura mudéjar combinada con elementos renacentistas. Entre sus rasgos destacados están la Capilla de la Flagelación y la primera escalera de casa particular de la ciudad, con una cúpula imponente. Los ciudadanos de la UE tienen entrada gratuita los miércoles.
Situado en el antiguo barrio judío, este antiguo hospital de caridad alberga pinturas de maestros del Siglo de Oro español, entre ellos Diego Velázquez. Su colección permanente reúne 12 obras de arte en una sala pequeña y silenciosa.
En la Plaza de Santa Cruz, una vivienda notablemente delgada, encajada entre un restaurante y otra casa, constituye una curiosa rareza arquitectónica que invita a los visitantes a teorizar sobre su origen.
